
La cantante Christina Aguilera presentó un espectáculo por demás camaleónico, recargado en los años 20, donde destacó su potente voz. Sensual, provocativa, enérgica, por momentos erótica, apoyada en una gran escenografÃa aunada a su potente voz, fue como Christina Aguilera conquistó a más de 11 mil almas el pasado viernes en el iPayOne Center de San Diego.
La cantante de origen ecuatoriano presentó, en una hora y 30 minutos, un espectáculo que dejó entrever a una mujer camaleónica, que pasaba de lo vulgar a la pureza, y de lo extravagante a la delicadeza.
Enfundada en un traje sastre blanco, la rubia ojiazul inició su repertorio con “Ain’to Men†seguida de ocho bailarines, nueve músicos y tres coristas que completaban el cuadro del espectáculo “Back to Basics 2007â€.
Era pues una época dorada para Estados Unidos donde el blues, el soul y el jazz se mezclaron, géneros que Aguilera supo destacar y emplearlos en su timbre vocal, dejando claro su estatus como artista internacional.
“Gracias por acompañarme, por estar aquÃ, este show está hecho de corazón para todos ustedes, la gira es un espectáculo con mucho de mÃ, con muchos temas que quiero expresar a través de mi músicaâ€, dijo ante la ovación de la audiencia.
A Christina poco se le da el baile, su fuerte es la voz, la coqueterÃa y también la cercanÃa con sus seguidores, quienes en un selecto grupo, ocuparon una parte de entre el escenario.
Los cambios de vestuario destacaron en su recorrido, de un serio traje a un corsé antiguo, a las plumas, a un elegante vestido blanco, un sombrero de ala corta y una bata dorada, entre oros, la cobijaron.
La producción fue sofisticada, cinco pantallas, plataformas, escaleras, proyecciones de videos, luces y pirotecnia vistieron cada una de las 17 canciones que ejecutó.
Dividido en tres partes, su espectáculo se le vio sobre un piano para interpretar “Dirrty†y un traje rojo de lentejuela que brillaba a la orden de los reflectores.
“Cabaret†parecÃa apoderarse del escenario, Aguilera le dio el toque circense y grotesco a la noche, el mandato de un látigo sobre su mano lo decÃa todo, entonces, el único seguidor con suerte, recibió su más profundos deseos.
Sobre un cÃrculo, como si le fuera a aventar cuchillos, el hombre fue atado, primero recibió un cercano aliento de la cantante en sus partes Ãntimas y luego, recostado le pasó el látigo una y otra vez por la entrepierna.
La niña sucia se exhibió, sonrió llevándose un dedo a sus labios rojos, estaba entonces iniciando la función con trapecistas, tragafuegos y un maestro de ceremonias que vestido como travesti, le dio ese toque oscuro al capÃtulo.
Interpretó “Hurtâ€, “Candie Manâ€, “Enter the Circusâ€, “Mercy on Me†“You are Beatiful†y “Lady Marmalade†anunciarÃan el retiro del escenario, un público satisfecho y un espectáculo lleno de matices que han regresado a la cantante de nuevo a lo básico.
































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